Aléjame de los insectores

*El texto contiene algunos spoilers sobre el libro El juego de Ender. Si no lo has leido y tienes intención de hacerlo, no sigas leyendo. Si aún así continúas, no digas que no lo advertí. Y no digas que te chafé un libro que ya deberías haber leido...


Desde pequeños soñamos con crecer. Con hacernos adultos. Con participar en ese mundo que nos está negado hasta cumplir cierta edad. Pero lo anhelamos, lo deseamos con todas nuestras fuerzas, preparándonos para el futuro. Pensando una y otra vez cómo será cuando seamos mayores. Porque todos hemos tenido los sueños. Hemos querido ser astronautas, veterinarios, cantantes, peluqueras, médicos, escritores... Todos hemos querido encontrar un príncipe o una princesa con la que pasar el resto de nuestra vida. Y hemos soñado con trabajar de diez a dos y viajar en tren, y tener un coche. Todos teníamos un coche. No nos hacían falta más que cuatro sillas y un plato. Los asientos y el volante. Y viajábamos por todo el mundo como los adultos. Y nos gustaba, porque teníamos el corazón puro y no sabíamos los misterios que entrañaba la vida adulta. La cara oscura de la moneda.

Y tenía que ser un niño, Ender - dijo Mazer -. Eras más rápido que yo. Mejor que yo. Soy demasiado viejo y cauteloso. Una persona decente que conozca el arte de la guerra no va a la batalla con un corazón entero. Pero no lo sabías. Nos aseguramos de que no lo supieras. Eras inquieto y brillante y joven.

Tantos años de preparación que acaban en el mismo camino. Un trabajo precario, un montón de deudas y el deseo, cada vez más, de volver a la infancia. Y al final acabamos valorando el tiempo que pasó. Y nos damos cuenta de que pudimos haberlo hecho. Que acabamos de la única forma que pudimos hacerlo, sobreviviendo...

¿Qué te parece? Ganamos la guerra. Estábamos tan ansiosos por crecer para poder luchar en ella, y al final lo hicimos nosotros. ¡Unos críos!


Y al final descubrimos la verdad más rotunda. La que nos rompe por dentro. Que no podemos ser libres. Que podemos intentar ser un poquito mejores, sobrevivir con un poco más de dignidad. Con el orgullo herido, siempre debajo de alguien, pero al menos, sintiéndonos un poco más felices por la vana ilusión de haber elegido. Aunque todo se reduce a eso, una simulación de vida en la que debemos tomarnos las cosas con tranquilidad. Nos dejan elegir un banco, elegir un coche, elegir qué ver en la televisión, con quién salir y con quién relacionarnos. O eso se supone. Porque al fin y al cabo, todo el entorno está cerrado en una cuadrícula de la que a duras penas podemos salir.

Bienvenido a la raza humana. Nadie controla su propia vida, Ender. Lo más que puedes hacer es elegir ser controlado por personas buenas, por personas que te quieran.


Tal vez no sea una gran obra de la Literatura Universal, pero sí es un canto a la esperanza. Y a la desesperanza también. Porque haga lo que haga Ender, siempre acabará matando al enemigo. Aunque no quiera. Por eso te lo pido. Déjame volar a tu lado. Aléjame de los insectores y dime que otro mundo es posible. Aunque me mientas.

Parónimos, sinónimos... la lengua y sus cosas

Leo sorprendida en EFE esta noticia y no doy crédito. Un código odontológico para cementerios. Sigo leyendo, porque tal vez se trate de algún tipo de estudios, protocolo o similar que se haga en los camposantos. Pero no. Es el error que pensaba al principio. Y no una, ni dos, sino tres veces.







¿Ahora odontología y deontología son sinónimos? Ya decía yo que las clases de Ética Periodística eran un poco extrañas...

Breves

I. Después de un mes echando currículums en periódicos encuentro la profesión ideal. Lástima que llegue tarde...

II. Al final el rectorísimo se echó atrás. La Universidad de Sevilla no "premiará" a los copiones. No entiendo cómo se les pudo pasar por la cabeza... por mucho que dijesen que se había malinterpretado el artículo...

III. Los americanos, como siempre tan puritanos. En Kentucky, si quieres abortar te obligarán, por ley, a ver primero el feto. Han tomado al pie de la letra aquello de "ojos que no ven..."

IV. Mira qué listos los del FMI. Que para acabar con la crisis en España lo que hay que hacer es bajar los sueldos. Y añado yo, ¿más? Encima de los contratos basura, los contratos temporales, las "no-altas" en la Seguridad Social... esta gente dando ideas. Por si acaso los políticos no andaban ya finos...

Hola, ¿está Iker Jiménez?

¿Alguien puede explicarme qué hace una cucaracha viva en mi habitación a las siete de la mañana a dos grados? ¿No era que las cucarachas sólo salían con el calor y la humedad? ¿Y por qué en mi cuarto, cuando el día de antes había fregado a conciencia? ¿Y por qué cuando acabo de levantarme? Que tiemble la cucaracha americana, que la nueva especie autóctona de Sevilla viene pisando fuerte... ¬¬

New year, new job...

I. dice que no me doy cuenta de la suerte que tengo. Y no es verdad. Sí que me doy cuenta. Sí que pienso que soy una afortunada por comenzar el año con un nuevo trabajo. Me doy cuenta de que es mucha suerte echar un currículum el 28, hacer la entrevista de trabajo el 29 y que el día 30 me digan que comienzo el primer lunes del año en un nuevo periódico. Me doy cuenta de que tengo mucha, mucha suerte tal y como están ahora las cosas. Y es que de pensar que no tenía trabajo ahora me encuentro con dos (que uno durará poco por un motivo u otro).

Sé que tengo mucha suerte porque la "crisis" está acechando aunque se empeñen en decirnos que no. Y aunque tenga que trasponer* a Gelves (literalmente) cada día, estoy encantada con el nuevo trabajo.

Sé que tengo mucha suerte. Por mi trabajo. Y por I.

Y sé que a pesar de toda esa suerte, encontrada, buscada o forjada, hasta ahora me he empeñado en ver el vaso más que medio vacío. Pero eso se acabó.


* Trasponer en mi pueblo significa ir muy lejos.
* Gelves es el pueblo que usa la gente de Sevilla capital para indicar que algo está en el quinto pino.